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martes, 29 de mayo de 2012

Poesía Vanguardista



REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACIÓN UNIVERSITARIA
UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL DE LOS LLANOS OCCIDENTALES “EZEQUIEL ZAMORA”
UNELLEZ – SOSA



POESÍA VANGUARDISTA



DOCENTE                                                                                                                 BACHILLERES
Argenis Rodríguez                                                                                                          Anyela Valero
Bicki Ramírez
Bilha Monzón
Deglys González
Delia Sánchez
Domingo Ramírez
Jessica Araujo


Educación: castellano y literatura
VII Semestre
Literatura Hispanoamericana II



Ciudad de Nutrias, mayo de 2012

INTRODUCCIÓN

            La poesía durante muchos años ha sido un género literario que representa la naturaleza misma de la belleza, en sus palabras siempre se refleja lo hermoso, aunque sea, lo cotidiano, pero representado siempre en el esquema de lo maravilloso. Con el surgimiento de la corriente vanguardista, estos términos varían y se establece una nueva conceptualización.
            Dentro de la corriente de la poesía vanguardista se encuentran insignes escritores latinoamericanos, como Tablada, Huidobro, Vallejo, por mencionar algunos, que fueron precursores y cultores de nuevas tendencias, entre ellas: los caligramas, poesía social, poesía negrista, entre otros; y que en este trabajo se invita a leer.

POESÍA

La palabra poesía proviene del término latino poēsis, que a su vez deriva de un concepto griego. Se trata de la manifestación de la belleza o del sentimiento estético a través de la palabra, ya sea en verso o en prosa. De todas formas, su uso más usual se refiere a los poemas y composiciones en verso.
Aunque es difícil establecer el origen de la poesía, se han hallado inscripciones jeroglíficas egipcias del año 2.600 A.C., que se consideran la primera manifestación poética de la que se tenga registro. Son canciones, de las que se desconoce la música, que poseen significación religiosa y que aparecen desarrolladas en distintos géneros, como odas, himnos y elegías.
En la antigüedad, la poesía tuvo un carácter ritual y comunitario, en especial en pueblos como los sumerios, los asirio-babilónicos y los judíos. Además de la religión, fueron surgiendo otras temáticas, como el tiempo, las labores cotidianas y los juegos.
Existen ciertas normas formales que hacen que un texto sea considerado como parte de la poesía, como los versos, las estrofas y el ritmo. Este tipo de características forman parte de la métrica de la poesía, donde los poetas aplican sus recursos literarios y estilísticos. Cuando un grupo de autores comparten las mismas características en sus poesías, suele hablarse de la conformación de un movimiento literario.
Entre las principales características de la poesía, puede mencionarse el uso de elementos de valor simbólico y de imágenes literarias como la metáfora, que necesitan de una actitud activa por parte de quien lee los poemas para poder decodificar el mensaje. 

VANGUARDIA

El significado original de vanguardia hace referencia a la parte de una fuerza armada que va delante del cuerpo principal. La vanguardia está formada por las primeras líneas de la formación de combate.
El concepto puede hacerse extensivo para nombrar a la avanzada de un movimiento artístico, político o ideológico. En este sentido, la vanguardia es algo novedoso que escapa de la tendencia dominante y que podría sentar las bases del desarrollo futuro.
La vanguardia supone una renovación de formas y contenidos. Una vanguardia artística, por ejemplo, intenta reinventar el arte y se enfrenta a los movimientos existentes. En un principio, la vanguardia es minoritaria y suele generar rechazo por parte de los círculos tradicionales. Con el paso del tiempo, sin embargo, puede convertirse ella misma en parte del sistema (perdiendo su condición vanguardista).
Aunque las vanguardias tienen características muy distintas entre sí, se asemejan en la lucha contra las tradiciones, la apuesta por la innovación, el ejercicio de la libertad individual y su carácter experimental.

POESÍA VANGUARDISTA

El arte del siglo XX se caracteriza por el surgimiento de movimientos artísticos con el objetivo de la renovación del arte de manera radical, configurándose múltiples corrientes que se denominan ismos. Las vanguardias se oponen al pensamiento y las formas de representación artística más convencionales, luchan contra la moral y el estilo de vida burgueses, y contra la “institución” del arte en general.
La poesía vanguardista se caracteriza por romper con las convenciones literarias. Suprime la rima y la métrica regular, elimina los signos de puntuación y mayúsculas, adapta la forma al tema del poema, introduce objetos cotidianos como elementos poéticos.

Características de la Poesía Vanguardista
Se busca
-       Lo original, lo autónomo, lo sorprendente.
-       Crear modos fantásticos, caóticos, sorprendentes, contradictorios y absurdos.
Se elimina
-       La narración, lo sentimental, lo anecdótico, lo didáctico.
-       Normas estróficas, la sintaxis, la gramaticalidad.
Se valora
-       La metáfora insólita, la imagen creada, el aspecto lúdico de las palabras.
-       Temas: Científicos, sociales, tecnológicos.

CALIGRAMA

El caligrama es un poema, frase o palabra cuya finalidad es formar una figura acerca de lo que trata en la cual la tipografía, caligrafía o el texto manuscrito se arregla o configura de tal manera que crea una especie de imagen visual (poesía visual). La imagen creada por las palabras expresa visualmente lo que la palabra o palabras dicen. En un poema, este manifiesta el tema presentado por el texto del poema. En la modernidad se dio con las Vanguardias de principios del siglo XX y más concretamente con el cubismo literario y los posteriores Creacionismo y Ultraísmo; el poeta cubista francés Guillaume Apollinaire fue un famoso creador de caligramas. El poeta creacionista chileno Vicente Huidobro ya había incluido su primer caligrama, “Triángulo armónico”, en su libro Canciones en la Noche (1913). Con Apollinaire, los caligramas se ponen de moda en las primeras décadas del siglo XX.
La literatura hispánica cuenta con interesantes autores de caligramas; entre otros, los españoles Guillermo de Torre, Juan Larrea y Gerardo Diego; los peruanos Carlos Oquendo de Amat, Jorge Eduardo Eielson y Arturo Corcuera; el mexicano Juan José Tablada; el cubano Guillermo Cabrera Infante; el argentino Oliverio Girondo o el uruguayo Francisco Acuña de Figueroa. Más recientemente Gustavo Vega ha creado una variedad de tipo plástico a la que él mismo ha denominado caligrama pictográfico.

Descripción General de un Caligrama

-              Es un poema, frase o palabra en la cual la tipografía, la caligrafía o el texto manuscrito se arregla hasta formar una imagen visual.
-              Se caracteriza por que la imagen creada por las palabras expresa visualmente lo que la palabra dice.
-              Su personaje más destacado fue Guillaume Apollinaire.
-              Según su origen puede ser vanguardista o cubista.
-              Su origen vanguardista gracias a una serie de movimientos artísticos de principios del siglo XX que buscaban innovación en la producción artística.
-              Su origen cubista es una tendencia esencial que da pie al resto de las vanguardias en el siglo XX, ruptura de la poesía tradicional.

Poesía Visual y Fonética

Parte de la búsqueda constante de los poetas es el redescubrir nuevas formas de expresión de la palabra.
Dentro de estos movimientos encontramos aquellos en donde la palabra se presenta como una expresión principalmente visual o auditiva, que bajo ciertas circunstancias producen un efecto todavía más profundo en el lector.
De aquí desprendemos a los caligramas. Mucho se ha dicho de ellos, se ha estudiado menos. Sin embargo, lo que pudiéramos decir del caligrama es que el poema es más que una melodía, es una descripción gráfica de aquello de lo que el poeta nos está hablando; es decir, la obra se transforma en un poema ideográfico.
Aunque este tipo de expresión poética se adjudica a Guillaume Apollinaire (1880-1918) cuando se publica el libro “Caligramas” en 1918, Juan José Tablada (1871-1945) también se había revelado de las formas de expresión poéticas tradicionales como lo demuestra en su libro “Li-Po y otros poemas” (1920), siendo que los “madrigales ideográficos” según Octavio Paz, habían sido elaborados por el poeta en 1911. Sin embargo, se habla de que Appollinaire escribió dichos poemas entre 1913 y 1916.
El primer caligrama que se conoce de Appollinaire lo compuso a los catorce años. Esta forma fue estudiada por él en la Biblioteca Nacional a través de los textos “Mezcolanzas de Tabourot des Accords” que era una colección de acrósticos, equívocos, adivinanzas y que el autor describe ahí mismo como “versos para cosquillearse y hacerse reír uno mismo y en seguida a los demás”.
 Este libro tuvo dos ediciones una en 1582 y la otra en 1662. La otra obra también estudiada fue “Touches” de 1585. Entre los encierros en el cuartel y en el hospital Appollinaire se dedicó al dibujo y la pintura y ahí es donde surgen los caligramas (con un retrato de Picasso). En esta forma las palabras aspiran a una forma plástica para completar la idea poética en el poema.
Sin embargo, no podemos decir que ninguno de ellos originalmente hayan sido los primeros poetas en la historia que utilizaron dicha forma pues el primer caligrama es uno encontrado en el siglo VIII antes de nuestra era.
Los movimientos más recientes y destacables estarían primero en las vanguardias de principio de siglo con una desintegración del lenguaje muy opuesta a la integración del modernismo pero que, paradójicamente, confluye en una síntesis igualmente coherente de imagen-escritura: futurismo y surrealismo.
Después de la Segunda Guerra Mundial personajes como Carlo Belloli en Italia o Joan Brossa en Cataluña continúan y renuevan la tarea sin falsas rupturas, dando lugar a formas de poesía visual, Xavier Canals describe al poema visual como “Metalenguaje poético de la escritura que gira entorno a lo ideogramático”.
El uso del caligrama revela a los futuros “Contemporáneos” un nuevo sentido del paisaje, el valor de la imagen y el poder de concentración de la palabra.
Tablada, aunque en inicio fue Modernista, además se interesó en el ejemplo naturalista de los japoneses indicando que su estructura es una expresión plástica de la naturaleza. Es él quien introduce el Hai-ku a la lengua española. Fue compañero y guía de Ramón López Velarde, amigo y defensor de los pintores Orozco, Rivera y tantos otros. Antes de los ultraístas brinda libertad a la metáfora.
En el mismo sentido Vicente Huidobro (1893-1948) fundador del Creacionismo incorpora en su poesía una serie de disparos verbales que conviene a su temperamento. Según Octavio Paz, el poeta Huidobro nunca imita, sino crea y un poema creado es aquél en que cada parte constitutiva y todo en conjunto presentan un hecho nuevo, independiente del mundo externo, desligado a otra realidad que él mismo. El poema es algo que no puede existir sino en la cabeza del poeta... y diría yo, de los lectores.

JOSÉ JUAN TABLADA

José Juan Tablada (México, 1871-Nueva York, 1945). Poeta mexicano. Es una de las principales figuras del modernismo mexicano. Colaboró en numerosas publicaciones periódicas mexicanas, como El Universal, El Mundo Ilustrado y El Imparcial, así como en la prensa de Caracas, Bogotá y La Habana. Impulsó la creación de la Revista Moderna, principal órgano del modernismo mexicano, en la que publicó traducciones de E. de Castro, A. France y H.G. Wells. Director del Diario Oficial durante el Gobierno de Huerta, su casa fue saqueada por las tropas de Zapata y huyó a Nueva York (1914); durante el régimen de Carranza desempeñó cargos diplomáticos. Entre sus poemarios, adscritos al modernismo, destaca El florilegio (1899), que, a raíz de un viaje a Japón, amplió (1904) con haikais, de los que se le considera introductor en lengua española. De su obra también cabe mencionar los libros de poesías Al sol y bajo la luna (1918) y Li-Po y otros poemas (1920), su libro de memorias La feria de la vida (1937) y la novela La resurrección de los ídolos (1924).

Li-Po y Otros Poemas

En 1920 esta etapa de exploración desemboca en un nuevo volumen de versos: Li-Po y otros poemas. Libro singular y hermoso, en este poemario se recogen y amplían los juegos y experimentos de Caligramas de Apollinaire. Tablada combina dibujo y palabra, línea y fascinación verbal, y rinde homenaje al famoso poeta chino Li-Po (701-762) que, según la leyenda, murió en un lago cuando intentaba atrapar la luna que se reflejaba en sus aguas. Prototipo de bohemio amante de los placeres, el verso se vuelca sobre todo lo que representa el lado lúdico de la realidad, la representación plástica de los objetos y la percepción intuitiva (y poética) del alma que los habita.

El Jarro de Flores (1922)

Vuelos:                            Juntos, en la tarde tranquila
vuelan notas de Ángelus,
murciélagos y golondrinas.
El Burrito:                              Mientras lo cargan
sueña de burrito amosquilado
en paraísos de esmeralda...

VICENTE HUIDOBRO

Vicente Huidobro (Santiago, 1893 - Cartagena, Chile, 1948). Poeta chileno fundador del Creacionismo, movimiento poético vanguardista. Fue además uno de los impulsores de la poesía de vanguardia en América Latina.
Vicente Huidobro nació en el seno de una familia de la elite oligárquica, vinculada a la gran propiedad agrícola, a la banca y a la política. Cursó la enseñanza primaria con institutrices privadas y la secundaria en el Colegio de San Ignacio de la Compañía de Jesús. Aunque fue crítico con la enseñanza jesuítica, tomó de ella una postura elitista ante la vida.
Desde su juventud realizó frecuentes viajes por Europa, que le valieron un profundo enriquecimiento cultural y una depuración de sus gustos estéticos. Particularmente intenso desde la experiencia intelectual fue el largo período en que residió en París, ciudad a la que llegó en 1916, en plena guerra mundial; allí conoció a Picasso, Juan Gris, Max Jacob y Joan Miró, entre otras figuras de la cultura del momento. Escribió en revistas literarias junto a poetas como Apollinaire, Réverdy, Tzara, Breton y Aragon; es decir, lo más granado de la poesía francesa del momento.

El Creacionismo

Al periodo parisino corresponde la fundación del Creacionismo, en la que situaba al creador artístico a la altura de un demiurgo capaz de insuflar a su creación un aliento vital tan poderoso que se podría medir, incluso, con las creaciones de la propia Naturaleza. Así, para Huidobro el artista no debía limitarse a imitar la Naturaleza (de ahí el título de su el manifiesto creacionista: Non serviam, “no serviré”), sino que debía mantener con ella una especie de competición en la que podía mostrar el vitalismo de su propia obra. Es la famosa tesis que sintetizó en la fórmula: ¿Por qué cantáis la rosa, ¡oh poetas!? / Hacedla florecer en el poema.
Lógicamente, esta concepción llevaba aparejada la necesidad de crear nuevas imágenes -tan coloristas como animadas e sorprendentes- e, incluso, un novedoso lenguaje poético capaz de romper con todos los niveles de la lengua y generar también su propia sintaxis; de ahí que la yuxtaposición (de oraciones, vocablos o sonidos extrañamente puestos en contacto) se convirtiera en una de las características más acusadas del Creacionismo, al tiempo que las largas secuencias y enumeraciones de palabras y sintagmas contribuyeran decisivamente a dar al poema esa apariencia de objeto aleatorio, mera creación de un dios absorto en las posibilidades estéticas del material con que moldea su obra.
Con estos presupuestos estéticos, Vicente Huidobro se presentó en Madrid en 1918, donde fundó un destacado grupo de poetas creacionistas consagrados a la elaboración de textos que seguían fielmente los postulados del ya respetado maestro chileno. Por aquel entonces ya era un poeta fecundo, que arrastraba tras sí una interesante producción literaria: seis poemarios impresos en su país natal (Ecos del alma, La gruta del silencio, Canciones en la noche, Pasando y pasando, Las pagodas ocultas y Adán), uno aparecido en Buenos Aires (El espejo de agua) y otro publicado en París (Horizon Carré). A ellos se añadirían pronto cuatro nuevos poemarios (Poemas árticos, Ecuatorial, Tour Eiffel y Hallali).
Entre el 16 de mayo y el 2 de junio de 1922, Vicente Huidobro presentó una exposición de trece poemas en forma de caligramas en el Teatro Eduardo VII de París. En el catálogo de la exposición estaba su retrato dibujado por Pablo Picasso y una crítica elogiosa de sus poemas escrita por el español Gerardo Diego. Su aceptación en París fue un éxito personal y de Chile, favorecido por el hecho de que el poeta escribiera indistintamente en francés y en español.
Regresó por un largo período a Chile en 1925. Desde su llegada inició una intensa actividad literaria y política, con la fundación de la revista La Reforma y sus numerosas colaboraciones en Andamios, Panorama y Ariel. En el terreno político fundó un diario, Acción, desde el que defendía sus ideas contrarias al militarismo. Candidato a presidente, fracasó estrepitosamente en los comicios de 1925, lo que le causó no poca amargura.

Altazor

Altazor o el viaje en paracaídas, o simplemente Altazor, es la obra cumbre del poeta chileno Vicente Huidobro, publicada en Madrid en 1931. En esta obra Huidobro expone un lenguaje que rompe los esquemas clásicos, lo que se inserta dentro del movimiento vanguardista que se desarrolló en el primer tercio del siglo XX.
El poema está dividido en siete “Cantos” antecedidos por un prefacio, los cuales fueron reescritos en numerosas ocasiones durante años. Es por ello que el Canto I, el Canto II y los restantes presentan temáticas aparentemente disímiles entre sí. El Canto I es el más largo, con casi setecientos versos, y también el más estructurado. Su contenido es de corte metafísico, y en él el poeta se representa como “Altazor”. El Canto II, en cambio, es una oda a la mujer. Los Cantos III al VII, finalmente, buscan jugar con la progresiva desarticulación del lenguaje y sus límites expresivos.
Alrededor de 1930 fue cuando dio los toques finales a sus dos obras cumbres, dos poemarios que, desde el momento mismo de su aparición estaban llamados a situarse en los puestos cimeros de la literatura universal. Por aquel entonces, Huidobro estaba en el apogeo de su fama, y gozaba del éxito obtenido por su novela fílmica Mío Cid Campeador (1929), en la que el propio poeta -que alardeaba de ser descendiente de Rodrigo Díaz de Vivar- identificaba su relación amorosa con Ximena Amunátegui como una reencarnación moderna de la pareja formada por El Cid y Doña Jimena.
La peripecia que había dado lugar a esta unión no puede ser más rocambolesca: en 1925, coincidiendo con su regreso a Chile y su fracaso en el intento de tomar parte activa en la política de su país, el gran poeta había conocido a Ximena, una joven estudiante de quince años de edad, por la que abandonó a su mujer (con la que llevaba casado más de quince años) y a sus hijos. Ximena no sólo era menor de edad, sino hija de un poderoso prócer chileno, quien se opuso tajantemente a su unión con el poeta. Huidobro marchó entonces a París, cerró la casa de Montmartre donde había residido con su familia, y se trasladó a Nueva York, donde cosechó algún éxito como escritor de guiones cinematográficos.
Pero en 1928, cuando Ximena Amunátegui acababa de alcanzar la mayoría de edad, el poeta viajó a Chile, la raptó a la salida del Liceo y se marchó de nuevo a París, en donde la feliz pareja se instaló en el barrio de Montparnasse. Fueron aquellos unos años de plenitud amorosa y creativa para el poeta, quien, después del mencionado éxito de su versión del Cid, decidió retomar un largo y ambicioso proyecto en el que había empezado a trabajar diez años antes. Se trata de Altazor o el viaje en paracaídas, un poema mayor en siete cantos que narra la caída del hombre y el encuentro con la mujer, con la poesía. Junto con Temblor de cielo (acabado también por aquellas fechas), es la obra cumbre del Creacionismo y el mayor legado de Huidobro a la poesía.
Después de que las corrientes estéticas hayan virado por centenares de derrotas diferentes, el valor poético de Altazor y Temblor de cielo sigue siendo incalculable. Bien es cierto que una parte de la crítica sólo ve en Huidobro una especie de ingenioso prestidigitador que juega con las palabras como si de objetos malabares se tratasen, sin conseguir dar a sus composiciones sentido alguno; pero la mayoría de los estudiosos del fenómeno poético aún se deslumbra con las imágenes, la vivacidad, la invención y la heterodoxia inconformista y novedosa de este gran rebelde de las letras hispanas, quien supo mantener su vigor creacionista hasta en el epitafio que dejó escrito para su lápida: “Abrid esta tumba: al fondo se ve el mar”.
En 1933 Huidobro retornó de nuevo a su país. En esta ocasión volvió a desplegar una energía incansable fundando revistas tales como Pro, Vital, Primero de Mayo y Total. El año 1934 fue particularmente fecundo, pues publicó Cagliostro, a la que definió como novela-filme y que recibió un premio en un concurso de guiones celebrado en Hollywood, y La próxima historia que pasó en poco tiempo más, novela futuróloga en la que reflexionaba sobre la sociedad tecnocratizada que ya se estaba vislumbrando. En Papá o El diario de Alicia Mir introdujo referencias autobiográficas y En la luna, guiñol en cuatro actos y trece cuadros, una clara intencionalidad política.
Entre 1935 y 1938 Huidobro polemizó con Pablo Neruda y estuvo en España durante la Guerra Civil. Regresó a Chile en 1938, donde continuó su incansable labor creadora publicando ese mismo año la novela Sátiro o El poder de las palabras. Se trata de una novela de gran penetración psicológica. Junto con otros autores como Braulio Arenas y Fernando Alegría colaboró en Multitud; recopiló antiguos poemas dispersos de 1923 en Ver y palpar y El ciudadano del olvido, ambos libros dados a conocer en 1941 y considerados como obras fundamentales en su creación poética.
A finales de la Segunda Guerra Mundial regresó a Europa, para alistarse con el ejército francés con el que participó en las últimas batallas y obtuvo el grado de capitán. Entonces su figura comenzaba a ser una leyenda en Chile, donde en 1945 se publicó una Antología. Su experiencia bélica le dejó una herida que no llegó nunca a curar y que lo condujo a la muerte cuando estaba de vuelta en su país natal, falleciendo a orillas del mar en Cartagena el 2 de enero de 1948.
Su hija Manuela se preocupó de sacar a la luz las últimas creaciones de su padre en el mismo año de su muerte publicando Últimos poemas. Siguieron diversas ediciones y reediciones de sus obras; todavía en 1993 José A. de la Fuente editaba Vicente Huidobro: Textos inéditos y dispersos.

CÉSAR VALLEJO

César Vallejo (Santiago de Chuco, 1892 - París, 1938). Escritor peruano. César Vallejo es acaso una de las figuras de mayor relieve dentro del vanguardismo hispánico. De origen mestizo y provinciano, su familia pensó en dedicarlo al sacerdocio: era el menor de los once hermanos; este propósito familiar, acogido por él con ilusión en su infancia, explica la presencia en su poesía de abundante vocabulario bíblico y litúrgico, y no deja de tener relación con la obsesión del poeta ante el problema de la vida y de la muerte, que tiene un indudable fondo religioso.
Vallejo hizo los estudios de segunda enseñanza en el Colegio de San Nicolás (Huamachuco). En 1915, después de obtener el título de bachiller en letras, inició estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Trujillo y de Derecho en la Universidad de San Marcos (Lima), pero abandonó sus estudios para instalarse como maestro en Trujillo.
En 1918 César Vallejo publicó su primer poemario: Los heraldos negros, en el que son patentes las influencias modernistas, sobre todo de Julio Herrera y Reissig. Esta obra contiene, además, muestras de lo que será una constante en su obra: la solidaridad del poeta con los sufrimientos de los hombres, que se transforma en un grito de rebelión contra la sociedad.
Acusado injustamente de robo e incendio durante una revuelta popular (1920), César Vallejo pasó tres meses y medio en la cárcel, durante los cuales escribió otra de sus obras maestras, Trilce (1922), que supone la ruptura definitiva con el modernismo y con el nacionalismo literario.
En 1923, tras publicar Escalas melografiadas y Fabla salvaje, César Vallejo marchó a París, donde conoció a Juan Gris y Vicente Huidobro, y fundó la revista Favorables París Poema (1926). En 1928 y 1929 visitó Moscú y conoció a Maiakovski, y en 1930 viajó a España, donde apareció la segunda edición de Trilce. De 1931 son su novela Tungsteno y el cuento de Paco Yunque, y un nuevo viaje a Rusia. En 1932 escribió la obra de teatro Lock-out y se afilió al Partido Comunista Español. Regresó a París, donde vivió en la clandestinidad, y donde, tras estallar la guerra civil, reunió fondos para la causa republicana.
Entre sus otros escritos destaca la obra de teatro Moscú contra Moscú, titulada posteriormente Entre las dos orillas corre el río. Póstumamente aparecieron Poemas humanos (1939) y España, aparta de mí este cáliz (1940), conmovedora visión de la guerra de España y expresión de su madurez poética. Contra el secreto profesional y El arte y la revolución, escritos en 1930-1932, aparecieron en 1973.

EL HUMANISMO POÉTICO DE CÉSAR VALLEJO

Se ha dicho que el poeta César Vallejo era idealista, acaso también que era materialista, incluso existencialista. Pero considero que el gran bardo peruano era sobre todo y por mucho un gran humanista.
Es cierto que creía en un Dios omnipotente y omnipresente, pero tampoco es menos cierto que consideraba que el hombre estaba indefenso ante su destino, ante ese fatum precario e inseguro.

Trilce

De dicha precariedad nos da testimonio, entre otros, en el poema lxxvii de Trilce, en el cual comienza diciéndonos que Graniza tanto, como para que yo recuerde y acreciente las perlas que he recogido del hocico mismo de cada tempestad. Evidentemente el poeta se refiere a los golpes del Destino cuando nos habla de las tempestades y el granizo; y digo Destino en mayúscula porque éste es en los poemas de Vallejo un ente vivo, por eso tiene hocico, como los cerdos bíblicos de la parábola de Jesús y por eso él recoge las perlas que Jesús advierte no sean arrojadas a estos animales inútilmente.

Los heraldos negros

En cuanto a la inseguridad de nuestro sino uno de los ejemplos más explícitos nos lo da Vallejo en el poema Los dados eternos del cuaderno Los heraldos negros, y cito: y jugaremos con el viejo dado…Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte/ del universo todo, surgirán las ojeras de la Muerte, como dos ases fúnebres de lodo.
Evidentemente, es un Destino incierto el que nos propone el poeta. Estos dados nos recuerdan la famosa frase de Albert Einstein cuando se descubrió el principio de incertidumbre en la física cuántica, “Dios no puede estar jugando a los dados”, dijo. Tal vez por ello la obsesión de Vallejo de romper, de trastocar el lenguaje pues, si en el mundo no hay un orden preestablecido, si es el caos el que rige el universo, entonces el lenguaje tal como se le conoce, que es un sistema lógico y ordenado, no es adecuado para expresar dicho universo.
Nietzsche nos declara que Dios ha muerto, por tanto el hombre está solo ante el mundo y ante el caos; Vallejo, sin embargo, nos dice que existe un Dios, pero ese Dios o bien está ajeno a nuestro sino o no le importa demasiado, por tanto el hombre, igualmente, está solo.
Por eso el poeta canta con tono afable a Cristo, casi exclusivamente a Cristo, dentro de la trinidad, porque es el hijo del hombre. Por eso nos dice en el poema El pan nuestro de Los heraldos negros: Y saquear a los ricos sus viñedos/ con las dos manos santas/ que a un golpe de luz/ volaron desclavadas de la Cruz! … ¡El pan nuestro de cada día dánoslo,/ Señor…! … y hacerle pedacitos de pan fresco/ aquí, en el horno de mi corazón…!
También en Los heraldos negros y, específicamente, en el famoso poema que da título al libro, el poeta nos dice que hay Golpes como de odio de Dios, un verso verdaderamente inquietante y que pudiera hacernos desistir de cualquier idealismo en la filosofía Vallejeana. También en este mismo texto nos dice que estos golpes Son las caídas hondas de los Cristos del alma,/ de alguna fe adorable que el destino blasfema./ Esos golpes sangrientos son las crepitaciones/ de algún pan que en la puerta del horno se nos quema. He aquí nuevamente ese Cristo como símbolo de la indefensión del hombre ante el Destino, el Destino en mayúsculas, personificado. También el símbolo recurrente del horno y su pan como alegoría del corazón y los sentimientos.

Evolución del humanismo en Vallejo

También es ostensible como a medida que vamos avanzando en la obra poética de César Vallejo este humanismo se va acrecentando. En Los heraldos negros está la queja manifiesta ante la indolencia y, en cierta forma, la perversidad de un Dios muy cercano a aquel que nos muestra el viejo testamento. En Trilce, sin embargo, esa queja está un poco más diluida y el poeta se centra más en la lucha del hombre ante su destino, que es la consecuencia directa de esta indolencia y perversidad. En Poemas humanos ya Dios es relegado a un segundo plano, casi sin importancia, no por su dimensión, sino porque nos ha dejado solos y, por tanto, el hombre ha de prescindir obligatoriamente de él para encausar su Destino; por eso nos dice en el poema Un hombre pasa con un pan al hombro que Alguien limpia un fusil en su cocina/ ¿Con qué valor hablar del más allá?
Finalmente en España, aparta de mí este cáliz, Dios está prácticamente ausente. Este cuaderno es una especie de evangelio, sí, pero un evangelio humano.


PABLO NERUDA

Pablo Neruda (Seudónimo de Neftalí Ricardo Reyes Basoalto; Parral, Chile, 1904-Santiago de Chile, 1973) Poeta chileno. Comenzó muy pronto a escribir poesía, y en 1921 publicó La canción de la fiesta, su primer poema, con el seudónimo de Pablo Neruda, en homenaje al poeta checo Jan Neruda, nombre que mantuvo a partir de entonces y que legalizó en 1946.
Su madre murió sólo un mes más tarde de que naciera él, momento en que su padre, un empleado ferroviario, se instaló en Temuco, donde el joven Pablo Neruda cursó sus primeros estudios y conoció a Gabriela Mistral. Allí también comenzó a trabajar en un periódico, hasta que a los dieciséis años se trasladó a Santiago, donde publicó sus primeros poemas en la revista Claridad.
Tras publicar algunos libros de poesía, en 1924 alcanzó fama internacional con Veinte poemas de amor y una canción desesperada, obra que, junto con Tentativa del hombre infinito, distingue la primera etapa de su producción poética, señalada por la transición del modernismo a formas vanguardistas influidas por el creacionismo de Vicente Huidobro.
Los problemas económicos indujeron a Pablo Neruda a emprender, en 1926, la carrera consular que lo llevó a residir en Birmania, Ceilán, Java, Singapur y, entre 1934 y 1938, en España, donde se relacionó con García Lorca, Aleixandre, Gerardo Diego y otros componentes de la llamada Generación del 27, y fundó la revista Caballo Verde para la Poesía. Desde su primer manifiesto tomó partido por una “poesía sin pureza” y próxima a la realidad inmediata, en consonancia con su toma de conciencia social.
En tal sentido, Neruda apoyó a los republicanos al estallar la guerra civil y escribió España en el corazón. Progresivamente sus poemas experimentaron una transición hacia formas herméticas y un tono más sombrío al percibir el paso del tiempo, el caos y la muerte en la realidad cotidiana.
De regreso en Chile, en 1939 Neruda ingresó en el Partido Comunista y su obra experimentó un giro hacia la militancia política que culminó con la exaltación de los mitos americanos de su Canto general. En 1945 fue el primer poeta en ser galardonado con el Premio Nacional de Literatura de Chile. Al mismo tiempo, desde su escaño de senador utilizó su oratoria para denunciar los abusos y las desigualdades del sistema. Tal actitud provocó la persecución gubernamental y su posterior exilio en Argentina.
De allí pasó a México, y más tarde viajó por la URSS, China y los países de Europa Oriental. Tras este viaje, durante el cual Neruda escribió poemas laudatorios y propagandísticos y recibió el Premio Lenin de la Paz, volvió a Chile. A partir de entonces, la poesía de Pablo Neruda inició una nueva etapa en la que la simplicidad formal se correspondió con una gran intensidad lírica y un tono general de serenidad.
Su prestigio internacional fue reconocido en 1971, año en que se le concedió el Premio Nobel de Literatura. El año anterior Pablo Neruda había renunciado a la candidatura presidencial en favor de Salvador Allende, quien lo nombró poco después embajador en París. Dos años más tarde, ya gravemente enfermo, regresó a Chile. De publicación póstuma es la autobiografía Confieso que he vivido.

PABLO NERUDA Y SU EVOLUCIÓN POÉTICA

Cualesquiera que sean las objeciones que pueda suscitar su posición política y el efecto de la misma sobre su obra, Neruda es, sin duda, el poeta de mayor prestigio de Hispanoamérica y uno de los valores excepcionales de la poesía continental americana. Su poesía ejerció una enorme influencia que ha sido particularmente perceptible en la poesía chilena moderna, ya en su aspecto social (Efraín Barquero, Gonzalo Rojas) ya por profundizar en los parajes poéticos descubiertos por Neruda (Juvencio Valle o Miguel Arteche). Pero la importancia de Neruda dentro de la poesía americana es semejante a la que en su tiempo tuvo Rubén Darío; como el nicaragüense, también Neruda ha influido hondamente en todo el ámbito hispano, incluyendo la poesía española contemporánea.

Los inicios

Como rasgo de conjunto, la obra de Pablo Neruda se caracteriza desde un punto de vista estilístico por la audacia verbal y la originalidad. Las formas simbolistas y modernistas las representa primordialmente el libro Crepusculario (1923). Pero pronto su poesía empieza a tener un valor excepcional y surgen las formas que habrán de ser genuinas en obras como El hondero entusiasta (escrito hacia 1923, pero no publicado hasta 1933), Tentativa del hombre infinito (1925) y Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924). Hay en estos poemas una actitud sentimental. El poeta exalta la mujer, la angustia, la tristeza, la ausencia y el recuerdo.
Son todavía poemas autobiográficos y están invadidos por una gran melancolía: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche”; el poeta canta la soledad acompañada sólo de sus palabras, antes de que la llenara el recuerdo de la amada: “Antes que tú poblaron la soledad que ocupas / y están acostumbradas más que tú a mi tristeza”; la desesperación: “Soy el desesperado, la palabra sin ecos, / el que lo perdió todo y el que todo lo tuvo”; la tristeza: “He dicho que cantabas en el viento / como los pinos y como los mástiles. / Como ellos eres alta y taciturna. / Y entristeces de pronto, como un viaje”.
Pero además de ese acento de infinita melancolía, ya en estas obras Neruda da una dimensión cósmica, desmesurada, a los términos de comparación: “Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos, / te pareces al mundo en tu actitud de entrega”. Cualquier sensación queda siempre vinculada a un elemento, a un acontecimiento cósmico. Arrastrado por su impetuosidad, el poeta buscará la comparación con todo lo que sea grande: montañas, ríos, viento, mar, fuego, noche. La amiga encontrada en el crepúsculo conservará el fuego del día que acaba de fenecer (“llena de las vidas del fuego, / pura heredera del día destruido”), o las raíces de la noche crecerán de súbito desde su alma.
Al lado de estas imágenes grandiosas encontramos otras con elementos concretos y materiales, como si el poeta procurara evitar a toda costa la idealización en un afán por mantenerse dentro de lo elemental: “Para sobrevivirme te forjé como un arma, / como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda”, “cuerpo de piel, de musgo”, “brazos de piedra”, etc. Esta fuerza elemental y cósmica es lo que proporciona interés a esta poesía. La amada llega a confundirse, en la pasión del poeta, con la tierra: “Mi cuerpo de labriego salvaje te socava / y hace saltar al hijo del fondo de la tierra”, “En ti los ríos cantan y mi alma de ellos huye”. Así, Neruda busca siempre la materialización de sus sensaciones, ya sea en cosas muy concretas, ya sea en imágenes gigantes: la amada tendrá ojos oceánicos; jugará con la luz del universo; el amor tendrá lugar bajo el viento (“Innumerable corazón del viento / latiendo sobre nuestro silencio enamorado”). Pero a su vez las palabras serán como las yedras, los besos como un vestido, la cabeza un racimo, etcétera.
Y, junto a todo ello, la imagen centelleante, de clara procedencia modernista: “las flechas latientes de los pájaros”, las palabras adelgazadas “como las huellas de las gaviotas en las playas”, la noche que desparrama “espigas azules” sobre el campo, la comparación de la amada con una “abeja blanca”, la alegría del canto como “un campanario en las manos de un loco”, los crepúsculos como “abanicos gigantes”, “cruces azules”, “árboles de luz”, “sonrisa del agua”. Toda esta poesía de raíz romántica se caracteriza por su profundidad y por su desesperación. Hay en ella algo que nos anuncia ya al poeta de Residencia en la Tierra: la angustia constante, la violencia, los saltos de un concepto a otro, la falta de transición entre las situaciones. También lo que se ha llamado “feísmo” se anuncia ya en estos poemas.

Residencia en la Tierra

Con la aparición de Residencia en la Tierra cambia completamente el panorama de la poesía de Pablo Neruda: se torna difícil y hermética. El filólogo Amado Alonso puso en claro los problemas de Residencia en la Tierra en su obra Poesía y estilo de Pablo Neruda. Interpretación de una poesía hermética (1940). De acuerdo con Amado Alonso, y al contrario de los anteriores, Residencia en la Tierra es un libro de poesía objetiva, en el sentido de que, aunque el poeta nos ofrezca su propia visión del mundo, lo hace sin mezcla de situaciones personales, sin hacer autobiografía.
La soledad, la desesperación, la angustia, se acentúan en estos poemas; el autor ve el mundo como un naufragio total, como una destrucción constante, como una desintegración incontenible. La retina del poeta (“como un párpado atrozmente levantado a la fuerza”) ve cómo todo fluye (“agua feroz mordiéndose y sonando”) hacia la muerte y la descomposición: las cosas más heterogéneas, en su misma heterogeneidad, no hacen sino representar al universo todo: “Como cenizas, como mares poblándose, / en la sumergida lentitud, en lo informe, / o como se oyen desde lo alto de los caminos / cruzar las campanadas en cruz, / ... y el perfume de las ciruelas que rodando a tierra / se pudren en el tiempo, infinitamente verdes”.
“No hay página de Residencia en la Tierra (dice Amado Alonso) donde falte esta terrible visión de lo que se deshace... Los ojos de Pablo Neruda son los únicos en el mundo constituidos para percibir con tanta concreción la invisible e incesante labor de autodesintegración a que se entregan todos los seres vivos y todas las cosas inertes, por debajo y por dentro de su movimiento o de su quietud. Son los únicos condenados a ver el drama “del río que durando se destruye”, verso espléndido donde se encierra la imagen definitiva de esta dolorosa visión de la realidad”.
Las cosas se empujan a sí mismas y el poeta intenta expresar y describir este caos; de ahí esta imagen múltiple que encontramos constantemente en sus composiciones. La poesía se hunde en la misma materia y se deja arrebatar por ella: “o sueños que salen de mi corazón a borbotones, / polvorientos sueños que corren como jinetes negros, / sueños llenos de atrocidades y desgracias”. Así surge esta poesía tumultuosa, de alucinación, de urgencia y de aluvión. Estas materias, además, están ya rotas, polvorientas, sucias, desvencijadas. Por este motivo se ha calificado de “feísta” a esta poesía.
Residencia en la Tierra es una visión de la realidad y del mundo muy parecido a ciertas formas de la pintura vanguardista. Amado Alonso nota acertadamente que en este período de la poesía de Pablo Neruda hay un predominio del sentimiento sobre la realidad, es decir, que el sentimiento del poeta pugna por encontrar una imagen o comparación en el mundo real, comparación que a menudo sale fragmentada, barajada o caótica. Por esta razón su poesía está llena de incoherencias “objetivas y racionales”.
El poeta se ve obligado a repetir, a precisar, porque él mismo tiene conciencia de que la representación del sentimiento no es como debería ser: vemos cómo intenta expresar una sensación a base de dos, tres y hasta cuatro imágenes, en busca siempre de una precisión, de una representación adecuada. Sus poemas son a la vez borradores y lecciones definitivas que nos ilustran acerca de su quehacer poético y de cómo la palabra va penetrando en la realidad. El mismo poeta dice: “pero de otra manera”, “no sé si se me entiende”, “pero no es eso”, cuando se da cuenta de que no acierta. Ahora bien, esta incoherencia, estas “imágenes ensayadas” (como las llama Amado Alonso) constituyen la visión que del mundo tiene Neruda, constituyen lo esencial de su poesía. El poeta no podría expresarse de otra manera: tiene que atender a lo caótico, al tumulto de las cosas, a las sensaciones simultáneas.
La técnica estilística de Pablo Neruda tiene su origen en el surrealismo: imágenes ilógicas, símbolos oscuros, enumeración caótica, libres asociaciones. Todo ello unido a su peculiar visión del mundo y a su sintaxis hace de esta obra un caso digno de la mayor atención. Pueden destacarse de Residencia en la Tierra los poemas “Galope muerto”, “Arte poética”, “Entierro en el Este”, “El fantasma del buque de carga”, “Barcarola”, “Enfermedades en mi casa”, “Oda con un lamento”, “Entrada a la madera”, “Apogeo del apio”, “Estatuto del vino”, “Oda a Federico García Lorca” y “El reloj caldo en el mar”. Residencia en la Tierra es un libro esencialmente materialista (como lo indica el título). El poeta, como ya hizo en obras anteriores, evita siempre idealizar y sus comparaciones o tienen un carácter gigantesco, desmesurado y monstruoso o se refieren a cosas cotidianas, vulgares, que dentro del ímpetu que lleva en sí esta poesía adquieren un extraño valor simbólico y nos sumergen en una atmósfera angustiosa. Muchos de los poemas de Residencia en la Tierra tienen un carácter eminentemente social, y su preferencia por las cosas vulgares y cotidianas prenuncia ya al poeta de las Odas elementales. Podríamos decir que Neruda canta, en este libro, las cosas vulgares con tono épico.

Canto General

Esta característica continuará en los primeros poemas del volumen titulado Tercera Residencia. Pero en los poemas “Las furias y las penas”, “Reunión bajo las nuevas banderas”, en España en el corazón y en los poemas alusivos a la Guerra Mundial incluidos en Tercera Residencia, Neruda encuentra la materia para su canto épico: a partir de este momento, el poeta será el cantor del movimiento comunista. Sus cantos tendrán la grandeza de la lucha, del fuego y del fervor incondicional. Esta poesía comprometida fluye directa, sin las vacilaciones de Residencia en la Tierra, llena de exclamaciones y de imágenes deslumbrantes. El universo de Pablo Neruda tiene ya un sentido, su poesía propone un ideal.
Pero donde Pablo Neruda llega a la total posesión del objetivo bajo la forma de un ideal es en el extenso poema Canto General, terminado de escribir en 1949. El poema se divide en quince partes. En la primera, “La lámpara en la tierra”, canta el nacimiento de la vegetación en las tierras americanos: el jacarandá, la araucaria, los alerces, el ceibo, el tabaco (“El tabaco silvestre alzaba / su rosal de aire imaginario”), el maíz (“Como una lanza terminada en fuego, / apareció el maíz”); la aparición de las bestias, de los pájaros; la formación de los ríos (“Amada de los ríos, combatida / por agua azul y gotas transparentes, / eras tatuada por los ríos”), de los minerales y de los hombres.
Esta primera parte es el canto de la formación de América, y tiene toda la grandeza que merece el tema. El tono épico aparece constantemente transitado por formas de un exquisito lirismo. Toma semejante desarrollo la segunda parte, “Alturas de Macchu Picchu”, exaltación de la naturaleza ya formada, pero todavía virgen, de la América amada por el poeta: “más abajo, en el oro de la geología, / como una espada envuelta en meteoros, / hundí la mano turbulenta y dulce / en lo más genital de lo terrestre”. Estas alturas son símbolo de la pureza perdida, son lo más representativo del continente: “Puse la frente entre las olas profundas, / descendí como gota entre la paz sulfúrica, / y, como un ciego, regresé al jazmín / de la gastada primavera humana”. El tema de la América virginal e intacta se repetirá en Odas elementales.
La tercera parte lleva por título “Los Conquistadores”: esta América pura e intacta es destruida por los conquistadores. El poeta los acusa duramente y los insulta: a Cortés, a Alvarado, a Ximénez de Quesada o a Valdivia, porque a su parecer sumergieron las tierras americanas en una profunda agonía. Viene a continuación la exaltación de “Los libertadores”, título de la cuarta parte. Neruda pondera la acción de los primeros indígenas (Cuauhtémoc, Caupolicán, Lautaro), de los insurrectos del siglo XIX (O'Higgins, San Martín, Sucre, Martí) y de los líderes del Partido Comunista. “La arena traicionada”, quinta parte, es un alegato contra todos los que, a juicio del poeta, han intentado corromper América: dictadores, poetas, literatos, diplomáticos, exploradores o compañías anónimas. La sexta, titulada “América, no invoco tu nombre en vano” desarrolla temas parecidos al canto anterior.
“Canto general de Chile” es el título de la séptima parte y constituye una evocación de la patria, de los amigos y de las luchas, mientras que la octava, “La Tierra se llama Juan”, contiene piezas dedicadas a los revolucionarios, que el poeta, en el poema final, simboliza en Juan, el trabajador anónimo. En la novena, “Que despierte el leñador”, Neruda se pronuncia contra los dictadores y la influencia tutelar americana. La décima, “El fugitivo”, se ocupa el destierro y de la peregrinación del poeta. “Las flores de Punitaqui”, undécima parte, trata problemas enfocados desde el punto de vista social; la duodécima, “Los ríos del canto”, contiene cartas y conmemoraciones, y la decimotercera, “Coral de Año Nuevo para la patria en tinieblas”, es a la vez recuento de luchas e invitación al combate.
En la parte decimocuarta, “El gran océano”, el poeta retoma el canto a América, a su grandeza, a su vegetación y geografía, y en el decimoquinto, “Yo soy”, da fe de sí mismo y de sus actividades. Cierran este canto y el libro unos testamentos (“Dejo a los sindicatos / del cobre, del carbón y del salitre / mi casa junto al mar de Isla Negra”), unas disposiciones (“Compañeros, enterradme en Isla Negra, / frente al mar que conozco”), y un “explicit” donde declara la causa del canto y la fecha en que fue terminado.

Última etapa

Canto general es un libro complejo, con toda la grandeza que tiene la poesía de Neruda, pero a la vez con todo el lastre que lleva siempre la poesía comprometida. A partir del Canto la obra de Neruda parece emprender un nuevo rumbo. Desde Todo el amor (1953), poema puramente amoroso, pasando por Las uvas y el viento (1954), que levantó polémicas (lo escribió en Capri y canta “la libertad del viento, la paz entre las uvas”, con absoluta sencillez y sin olvidarse de sus ardientes alusiones políticas), parecía en busca de un nuevo tono que se afirmó en las Odas elementales (1954) y en Nuevas odas elementales (1955), obras que inician una especie de tercera época en la poesía nerudiana, En un lenguaje perfectamente accesible, Neruda se convierte en un poeta sencillo y afable que celebra los seres humildes y los objetos cotidianos. Como indican sus títulos, el autor canta las cosas simples y elementales: la alcachofa, el cobre, la cebolla, el caldillo de congrio, el hilo, la madera, la pobreza, el tomate, el traje, el aceite, los calcetines, el jabón, la lagartija, la papa.
Parece como si las cosas desvencijadas, polvorientas, en estado de desintegración, que aparecían en Residencia en la Tierra, cobraran de pronto su plena personalidad, afirmaran su ser, su necesidad de existir. Neruda llega en estas Odas a la total conquista de lo objetivo. El poeta las canta en función de la necesidad que tiene el hombre de ellas y, por tanto, estas Odas son auténtica poesía social. Les queda todavía algo del aire marcial del poeta de Tercera residencia y de Canto general. Y junto a los temas enunciados encontramos desarrollados otros que parecían insospechables: el aire, el amor, la flor, la claridad, el día feliz, la alegría, la esperanza, el otoño, la poesía, la sencillez, la tranquilidad, el verano, la vida, las estrellas, la luna.
Una de las odas que mejor explican esta transformación del poeta es la titulada “Oda a la alegría”: “Te desdeñé, alegría. / Fui mal aconsejado. / La luna / me llevó por sus caminos. / Los antiguos poetas / me prestaron anteojos / y junto a cada cosa / un nimbo oscuro / puse / ... equivoqué mis pasos / y hoy te llamo, alegría. / ... ¡Contigo por el mundo! / ¡Con mi canto! / ... No se sorprenda nadie porque quiero / entregar a los hombres / los dones de la tierra / porque aprendí luchando / que es mi deber terrestre / propagar la alegría. / Y cumplo mi destino con mi canto”. Algunas de estas odas son puros juegos, otras son exaltaciones de la naturaleza americana (especialmente las dedicadas a los pájaros).

Neruda empieza narrando un hecho minúsculo para ascender, a través de una expresión sencilla y de un metro corto, a deslumbrantes comparaciones; así en “Oda al libro” (II): “Libro / hermoso, / libro / mínimo bosque, / hoja / tras hoja, / huele / tu papel / a elemento, / eres / matutino y nocturno, / cereal, / oceánico...”. Algunas de estas odas están dedicadas a poetas: a César Vallejo, a Jorge Manrique, a Rimbaud y a Walt Whitman. He aquí cómo interpreta a Jorge Manrique: “Adelante, le dije, / y entró el buen caballero / de la muerte. / Era de plata verde / su armadura / y sus ojos / eran / como el agua marina. / Sus manos y su rostro / eran de trigo. / ... tus estrofas. / De hierro y sombra fueron, / de diamantes / oscuros / y cortadas / quedaron / en el frío / de las torres / de España, / en la piedra, en el agua, / en el idioma”. Y Neruda contrapone su estilo al del clásico, a quien hace afirmar que si ahora cantara de nuevo, “No a la muerte / daría / mi palabra”...”Es la hora / de la vida”. Frente a la actitud de Residencia en la Tierra, las Odas elementales son una afirmación de vida y de esperanza y se cuenta entre las obras más valiosas del gran poeta chileno. A fines de 1957 apareció en Buenos Aires el Tercer libro de Odas elementales, que sigue la tónica que caracteriza los anteriores.
Con una tendencia a superar el hermetismo de sus primeros libros e inclinado a la simplificación, pero sin rehuir los temas políticos, su obra siguió enriqueciéndose con nuevos títulos: Nueva residencia en la tierra (1956), Estravagario (1959), Navegaciones y regresos (1959) y los Cien sonetos de amor (1959) dedicados a Matilde Urrutia. Ya en 1957 se habían publicado en Santiago de Chile sus Obras completas, en un lujoso tomo de 1265 páginas que, según Homero Castillo, se consideró “el acontecimiento editorial del año”.
Le siguieron, ya en la década siguiente, Canción de gesta (1960), Piedras de Chile (1961), Plenos poderes (1962), Memorial de Isla Negra (1964), Artes de pájaros (1966), Una casa en la arena (1966) La Barcarola (1967) y Las manos del día (1968). De 1967 es la obra teatral Fulgor y muerte de Joaquín Murieta. Sus últimos volúmenes publicados fueron Fin del mundo (1971), La espada encendida (1971), Las piedras del cielo (1971) e Incitación al nixonicidio y alabanza de la revolución chilena (1973). Entre sus obras póstumas merecen destacarse sus memorias, Confieso que he vivido, que fueron publicadas en 1974.

ERNESTO CARDENAL

Ernesto Cardenal (Granada, Nicaragua, 1925). Poeta nicaragüense. Poeta revolucionario y sacerdote católico, se dio a conocer con la obra El corno emplumado. Comprometido políticamente con los conflictos sociales de su país, desde 1954 participó en las luchas contra el dictador Somoza, y posteriormente fue ordenado sacerdote, tras lo cual residió durante un tiempo en un monasterio de Estados Unidos. Esta reclusión religiosa supuso para el poeta un oasis de serenidad frente a la deslumbrante ciudad moderna. De regreso en Nicaragua fundó una comunidad en la isla de Solentiname. Su poesía, reflejo de su radicalismo personal, denunció el sufrimiento y la explotación de las llamadas repúblicas bananeras, temática que centra su Canto nacional. También se aproximó a las ideas de la teología de la liberación, las cuales se dejan entrever en sus poemarios Salmos, de 1964, y Oración por Marilyn Monroe y otros poemas, de 1965.
Ernesto Cardenal ingresó en 1935 en el Colegio Centro América de los Jesuitas en Granada, donde estudió el bachillerato. Cursó luego filosofía y letras en la Universidad Nacional Autónoma de México, graduándose en 1947. Entre 1948 y 1949 hizo el posgrado en la Universidad de Columbia, Nueva York. Discípulo de J. Coronel Urtecho, integró la llamada “Generación del 40” junto con los poetas E. Mejía Sánchez y C. Martínez Rivas. Viajó por Europa y en 1950 regresó a Nicaragua. Empezó a escribir sus poemas históricos y a traducir con Coronel Urtecho poesía norteamericana, hasta formar una voluminosa antología.
En 1952 fundó una editorial exclusiva del género, El hilo azul, y en 1954 participó en un movimiento armado que intentó asaltar el Palacio Presidencial, que fue conocido como la Rebelión de Abril. En 1956 escribió su extenso poema político “Hora cero”. Pero ese año cambió el rumbo de su vida: resolvió profesar e ingresó al Monasterio de Nuestra Señora de Gethsemani, en Kentucky, Estados Unidos, donde Thomas Merton fue su maestro y mentor espiritual. Continuó sus estudios religiosos en México y en Colombia.
Ordenado sacerdote en Managua en 1965, viajó a Estados Unidos para planear la creación de una pequeña comuna contemplativa en Nicaragua, que fundó al año siguiente en el archipiélago de Solentiname. En 1970 visitó Cuba, relatando su experiencia de la revolución en el libro En Cuba. También conoció los procesos del Perú y Chile. En octubre de 1977, cuando se inició la primera ofensiva insurreccional, participaron en ella como guerrilleros un grupo de jóvenes de Solentiname, que asaltaron el cuartel San Carlos, por lo que la Guardia somocista destruyó su comunidad y Cardenal fue condenado en ausencia a muchos años de prisión. En 1979, con el triunfo de la Revolución Sandinista, fue nombrado ministro de Cultura, cargo que desempeñó hasta 1988.
La obra de Ernesto Cardenal es coloquialista y a la vez profundamente lírica. Su poesía, una de las más sólidas y reconocibles de América Latina, se sustenta en el legado del modernismo norteamericano (sobre todo Pound y Williams), pero con otras influencias como la cultura popular o las tradiciones religiosas y científicas, a través de un verso claro pero de gran impacto.
Perteneciente a un brillante grupo de poetas entre los que destacan Coronel Urtecho, P. A. Cuadra y Joaquín Pasos, ya en sus primeros libros, La ciudad deshabitada (1946) y El conquistador (1947), muestra su inclinación hacía una poesía narrativa y épica. Fue decisiva, para su futura poesía, su lectura de Ezra Pound. En verso libre, con una ironía y un sentido mágico de lo cotidiano, su mejor poesía capta la intensidad alucinante de la vida moderna y se inspira en motivos de su compromiso cívico y en sus experiencias religiosas: Hora cero (1960), Epigramas (1961), Gethsemani Ky (1960) Salmos (1964), Oración por Marilyn Monroe y otros poemas (1965), El estrecho dudoso (1966) y Homenaje a los indios americanos (1969).
A partir de los años setenta su poesía se radicaliza y se vuelve primordialmente instrumento de la acción política: Canto nacional (1972), Oráculo sobre Managua (1973), Tocar el cielo (1981) y Vuelos de victoria (1984). Entre sus últimos libros de poesía se encuentran Cántico cósmico (1989), Los ovnis de oro (1992), Telescopio en la noche oscura (1993), Antología nueva (1996) y Vida en el amor (1997). Como ensayista son destacables el volumen dedicado a La poesía nicaragüense de Pablo Antonio Cuadra (1973) y Cristianismo y revolución (1974). En 1998 se publicó el primer volumen de su autobiografía.

Salmos (Dos salmos del libro homónimo publicado por Cardenal en 1964)

Salmo 1

Bienaventurado el hombre que no
espía a su hermano
ni delata a su compañero de colegio
Bienaventurado el hombre que no lee
los anuncios comerciales
ni escucha sus radios
ni cree en sus slogans
Será como un árbol plantado junto a
una fuente.


Salmo 5

Escucha mis palabras oh Señor
Oye mis gemidos
Escucha mi protesta
porque no eres Tú un Dios amigo de
los dictadores
ni partidario de su política
ni te influencia la propaganda
ni estás en sociedad con el gangster
No existe sinceridad en sus discursos
ni en sus declaraciones de prensa
Hablan de paz en sus discursos
mientras aumentan su producción
de guerra
Hablan de paz en sus
Conferencias de Paz
y en secreto se preparan para la guerra
Sus radios mentirosas
rugen toda la noche
Sus escritorios están llenos de planes
criminales y expedientes siniestros
Pero Tú me salvarás de sus planes
Hablan con la boca
de las ametralladoras
sus lenguas relucientes
son las bayonetas
Castígalos Oh Dios
malogra su política
confunde sus memorándum
Impide sus programas
A la hora de la sirena de alarma
Tú estarás conmigo
Tú serás mi refugio
el día de la Bomba
al que no cree en la mentira de sus
ganancias comerciales ni en sus
campañas publicitarias
ni en sus campañas políticas
Tú lo bendices.

Epigrama (Uno de sus versos)

Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido:
yo, porque tú eras lo que yo más amaba,
y tú, porque yo era el que te amaba más.

Pero de nosotros dos, tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti,
pero a ti no te amarán como te amaba yo.

NICOLÁS GUILLÉN

Nicolás Guillén (Camagüey, 1902 - La Habana, 1989). Poeta cubano, considerado el máximo representante de la llamada poesía negra centroamericana, y poeta nacional de la isla por su obra ligada a la cultura afrocubana. Nicolás Guillén cursó un año de derecho en La Habana, antes de abandonar la universidad y volver a su ciudad donde trabajó como tipógrafo y se dedicó al periodismo en la redacción de El Camagüeyano, en cuyas páginas inició también su actividad literaria.
A partir de 1925 Nicolás Guillén se instaló en la capital donde participó activamente en la vida cultural y política de protesta, lo que le supuso breves arrestos y períodos de exilio en varias ocasiones. En 1937, cuando había publicado ya sus primeros tres libros, ingresó en el Partido Comunista de Cuba, fundado por su amigo y también poeta R. Martínez Villena, y participó en el célebre Congreso por la Defensa de la Cultura, realizado en Valencia en plena Guerra Civil española, donde conoció a P. Neruda, R. Alberti, F. García Lorca y O. Paz, y su obra alcanzó difusión europea.
A su regreso a Cuba, Nicolás Guillén dirigió la revista Mediodía y participó de los movimientos de vanguardia en las tribunas de Gaceta del Caribe y Revista Avance. Pasó luego años de exilio, viajando por Sudamérica, y en 1956 recibió el Premio Lenin de la Unión Soviética, hasta que el triunfo de la Revolución castrista, en 1959, le permitió regresar a la isla, donde desempeñó distintos cargos, como la presidencia de la Unión de Escritores, desde 1961, y misiones diplomáticas de relieve.

La obra poética de Nicolás Guillén

En cuanto a su actividad literaria, Guillén se inició en el posmodernismo, aunque pronto su producción se inscribió dentro de la llamada línea realista de los múltiples vanguardismos cubanos, cultivando como ningún otro autor la llamada poesía negra o antillana.
Desde su condición de mulato expresó con un peculiar sentido rítmico la temática del mestizaje, en un contexto social y político que manifestaba la dura opresión y servidumbre sufrida por el pueblo. En sus comienzos le caracterizó incluso una fonética afrocubana, que más tarde abandonó para desmarcarse de la tradición oral folclórica.
A esta primera época pertenecen Motivos de son (1930) y Sóngoro cosongo (1931). Poco después, con West Indies Limited (1934) se alejó del mero ejercicio rítmico para incorporar la protesta política y antiimperialista, orientándose hacia una cólera militante y comprometida con el hombre.
El poema más conocido del libro, Balada de los dos abuelos, indicó la madura aceptación de lo africano y de lo español en una misma sangre: el abuelo blanco y el abuelo negro, que evocan además la crueldad del tráfico de esclavos. En poemas como Sensemayá y La muerte del Ñeque se inspiró en ritos y creencias africanos, sin que ello supusiera un rechazo de la cultura blanca.
Nicolás Guillén siguió evolucionando en la dirección de las preocupaciones políticas y sociales con Cantos para soldados y sones para turistas (1937), donde todavía conservó formas propias del canto y de la danza afrocubana al mismo tiempo que se hicieron ya evidentes algunos de los rasgos estilísticos que predominaron en su lírica posterior, como el uso frecuente que hizo de onomatopeyas “jitanjáforas” que aparecieron abundantemente en la obra del fundador del futurismo, el italiano F. Marinetti, y la creada por el vanguardista cubano M. Brull, así como la rima aguda, las reiteraciones o la enumeración.
En el mismo año de 1937 lanzó una acusación hacia el impacto y la injusticia de la Guerra Civil española y del asesinato de F. García Lorca, en Poemas en cuatro angustias y una esperanza. Después, aunque conservó siempre una particular claridad expresiva popular, el elemento rítmico fue decreciendo en beneficio de un tono más elevado y ambicioso desde El son entero (1947) hasta La paloma de vuelo popular (1958) y sus poesías en sazón revolucionaria de Antología mayor (1964), donde mostró su compromiso con la Revolución cubana y los desheredados del mundo.
Además, su poesía se hizo eco también de las inquietudes neorrománticas y metafísicas del momento, como la trascendencia del amor y la muerte que ocuparon un espacio importante en su obra. Otras obras en esta dirección fueron: Tengo (1964), donde manifestó su júbilo ante la Cuba revolucionaria y Poemas de Amor, que apareció el mismo año. Más tarde publicó títulos como El gran zoo (1967), La rueda dentada (1972), El diario de a diario (1972) y Por el mar de las Antillas anda un barco de papel (1977). Además, en Prosa de prisa (1975-1976) recogió una selección de sus trabajos periodísticos. Y aún dentro de su poesía cabe destacar el singular Poemas para niños y mayores de edad (1977), donde siguió demostrando su gran capacidad para conjugar preocupaciones diversas y encontrar formas de expresión constantemente renovadas.

LA POESÍA NEGRISTA DE NICOLÁS GUILLÉN

La función de la poesía afroantillana es redescubrir al negro dentro de su circunstancia americana. Las primeras manifestaciones hacía el negro las encontramos en los textos hispanoarábigos del siglo XI. En ellos se hace referencia al negro peyorativamente, dándole a su color un símbolo de maldad, fealdad, tristeza, etc. Desde entonces varios escritores han hecho referencia al negro en sus obras, Algunos lo han visto de forma, positiva y humana- otros lo presentan con una visión prejuiciada, aprovechándose de él para la burla.
Sin embargo, es importante destacar en esta poesía su carácter erudito, el beneficio obtenido de la técnica y de los metros del modernismo, el carácter indigenista, la aparente ingenuidad, la tendencia a nutrirse de motivos tomados directamente del mundo africano como son sus ritos, supersticiones, bailes.,, Es esta poesía una que aspira a recoger ritmos y temas del folclor popular, casi siempre exagerándolos. Por otro lado, su tendencia aun neto perfil social es un factor de vital importancia (si no el más importante) en cuanto alude a la dignificación del hombre de color y a su rehabilitación.
Técnicamente la poesía afroantillana se sirve, en muchos casos, del juego libre de la poesía pura, de la imagen infantil cercana al disparate lírico, de la jitanjáfora y de la onomatopeya audaz, En la mayoría de los casos prescinde de los esquemas métricos tradicionales y sólo respeta algunos de ellos. Su trasfondo erudito y lo que hay en ella de artificio saltan a la vista bajo un aparente cielo de primitiva ingenuidad. Sus mejores intérpretes son poetas cultos que ponen sus conocimientos literarios y hasta fonéticos al servicio del género.
En el Caribe hispánico encontramos a Nicolás Guillén corno uno de los representantes de este tipo de poesía. Nicolás Guillén está orgulloso de su sangre mulata; varias veces en su poesía se ha referido a los <> el negro y el blanco; que se abrazan a él.
En su poesía, como en su sangre, se juntan armónicamente dos herencias: la negra, que le comunica un ritmo musical y una leve gracia juguetona enteramente originales; y la española, que aporta el dominio de formas poéticas tradicionales y de un idioma flexible y abierto. Hay en ella una evolución gradual desde lo folclórico y pintoresco al descubrimiento de la miserable condición social del negro cubano, primero, y de tantos y tantos despojados después. El mayor mérito de Guillén, que le sitúa entre los revolucionarios de la poesía española, es la adaptación literaria de la canción folclórica afrocubana.
Sus poemas son una búsqueda por la igualdad social de los negros. Su sentir, su deseo, es lograr la unificación de la raza, la convivencia en armonía. La presencia norteamericana en Cuba es motivo de su antiimperialismo en la poesía que presenta. En ella vemos la situación del negro, no sólo en las Antillas, sino también en el Continente. Su poesía, además, presenta un canto desesperado con la esperanza de una liberación; hiere más profundo, la sentimos desde adentro. Guillén alude a las raíces étnicas de la raza:
“Lengua con punta de hueso
tambor de cuero y madera
mi abuelo negro.
Gorguera en el cuello ancho
gris armadura y guerrera;
mi abuelo blanco.”
“Balada de los dos abuelos”

PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA

Pedro Henríquez Ureña (Santo Domingo, 1884 - Buenos Aires, 1946). Escritor y humanista dominicano. Hijo de la poetisa Salomé Ureña de Henríquez, ha sido una de las figuras más sólidas y estimables de la cultura dominicana. Su vida literaria empezó a los catorce años, con la publicación de una colección de poemas titulada Aquí abajo. En 1901 se trasladó a Nueva York a cursar estudios universitarios. De aquella ciudad pasó a La Habana, Cuba, donde en 1905 publicó su primer libro, Ensayos críticos, para pasar luego a México, donde permanecerá entre 1906 y 1913.
En 1914 volvió a la capital cubana, donde publicó un estudio acerca de Hernán Pérez de Ayala. Entre 1915 y 1916 residió en las ciudades de Washington y Nueva York, donde en 1918 publicó Las nuevas estrellas de Heredia. Durante este último año ingresó en la Universidad de Minnesota, en la que se mantuvo como docente hasta 1921. Durante estos años viajó a España en dos oportunidades y estableció contacto con Ramón Menéndez Pidal, quien escribió el prólogo a Versificación irregular de la poesía castellana, su tesis doctoral presentada en Minnesota.
De Estados Unidos salió hacia México, donde participó activamente de las políticas adelantadas desde la Secretaría de Educación por José de Vasconcelos. Allí ejerció la docencia universitaria y fue director general de Enseñanza Pública en Puebla. En 1924 se trasladó a Argentina, país en el cual residiría hasta su muerte, con una pausa entre 1931 y 1933, cuando atendió el llamado del presidente Trujillo para que se hiciera cargo de la dirección de Educación, labor en la que decidió no permanecer. Durante este período ocupó una cátedra en la Universidad. En Argentina fue catedrático en las universidades de Buenos Aires y de La Plata. Murió en 1946 mientras se dirigía en tren hacia esta última ciudad a atender sus compromisos académicos.
Erudito de tipo moderno, preocupado por la corrección y la pureza del lenguaje, y enamorado de los clásicos griegos, latinos y castellanos, apenas escribió obras de imaginación, como el cuento La Sombra, el poema dramático El nacimiento de Dionisos y algunas poesías más, dentro del tono y ambiente del modernismo. Su limpieza literaria corrió parejas con su limpieza espiritual: por caminos opuestos a los de su hermano Max, se alejó pronto cuanto pudo del dictador Trujillo.
Fue filólogo y un ensayista de verdadera altura, apasionado por la sencillez del lenguaje, que procuró limpiar de barroquismos hasta llegar en ocasiones a la sequedad. A este respecto, son fundamentales sus estudios titulados Corrientes literarias en la América hispana; Seis ensayos en busca de nuestra expresión; Ensayos críticos (1905); Horas de estudio (1910); Mi España (1912); La versificación irregular en la poesía castellana (1920); La cultura y las letras coloniales en Santo Domingo (1936); El español en Santo Domingo (1940); Plenitud de España (1940), y su obra póstuma: Historia de la cultura en la América Hispánica (1947).
Son de verdadera importancia sus ensayos sobre Juan Ruiz de Alarcón y sobre Hernán Pérez de Oliva, así como su recopilación de Romances de América (1913), en la que recoge los romances españoles que todavía se recitan o cantan en la República Dominicana. Nuestro autor es una figura ilustre de las Letras de la América española.

CONCLUSIÓN

            La vida literaria de un continente es muy amplia y ha girado en torno a muchas corrientes y tendencias dentro de los escritos.
            La Poesía Vanguardista vino a representar un cambio del esquema tradicional que hasta ese día se tenía en torno a ella, donde a nivel mundial se dieron aportes que fueron fundamentales para su desarrollo, por su puesto, Latinoamérica no escapo a esta circunstancia.
            Algunos de los poetas vanguardista que se desarrollaron en el trabajo son:
-              José Juan Tablada: Con el desarrollo de sus caligramas realizados en su poemario Li – Po y otros poemas (en honor a un escritor chino), no solo logro representar con una imagen el contenido del poema, sino que también dejo su nombre marcado en la literatura al desarrollar esta corriente, y que orgullo, que haya sido en Venezuela donde se imprimió el primer ejemplar de esta obra.
-              Cesar Vallejo: el poeta siempre fue un baluarte de la poesía humana, con sentido social, reflejo sus dolores, críticas y vivencias a través de este género.
-              Nicolás Guillén: Cubano de corazón y alma, fue testigo de la discriminación racial, y que mejor vía que su pluma para dejar su huella en la crítica social, donde colocaba en equilibrio a negros y blancos.   


FUENTES DE CONSULTA

www.google.co.ve
www.definicion.de
www.blogdepoesia.wordpress.com
www.slideshare.net
www.drae.rae.es
www.es.wikipedia.org
www.profesorenlinea.cl
www.biografiasyvidas.com

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